miércoles, 29 de abril de 2026

Cipriano Castro y mi abuelo


Cipriano Castro y Eulogio Moros
(26 y 30 años). Son fotos de diferentes épocas.
Cipriano le llevaba a mi abuelo tres años.

CIPRIANO CASTRO Y MI ABUELO
"Un amigo leal vale más que diez mil parientes" — Eurípides.

                Desde los diecisiete años de edad el conflicto formaba parte de la vida de Cipriano Castro, pues ya a esa edad (1875) lideraba una pandilla que se formó en San Pedro de Capacho, estado Táchira, la que llamaban "Los Azules", la cual defendía la construcción de un nuevo pueblo a raíz de la destrucción del existente hasta ese momento por el devastador terremoto que sucedió ese año. Esta pandilla era contraria a la otra, la que llamaban "Los Amarillos", que defendía la reconstrucción del pueblo devastado, en lugar de hacer uno nuevo.

                A esta pandilla pertenecían los primeros amigos de aventura de Cipriano, entre los cuales estaba mi abuelo, quien creció junto a él en Lomas Altas, donde estaban la finca "La Cedrala", de don Carmelito Castro, jefe de la familia Castro Ruiz, y vecina a ella estaba la de mi bisabuelo, de la cual no he podido dar con el nombre que le tenían. Mi abuelo se convirtió en admirador de las aventuras y los atrevimientos de Cipriano y a la larga esa admiración se transformó en una fiel amistad.

                Pasaron los años y el terremoto quedó olvidado, al igual que los pleitos de la pandilla Los Azules contra Los Amarillos, donde se caían a palazos y pedradas. Los Azules apoyaban la construcción del nuevo pueblo y Los Amarillos la reconstrucción del viejo, pero al final se hizo el nuevo pueblo, se reconstruyó el viejo, y se acabaron los pleitos. Debido a esos enfrentamientos, la pandilla Los Azules, la que comandaba el joven Cipriano, se transformó en toda una organización, a tal punto que fue convocada por un general llamado Eladio Lara del gobierno provincial, para combatir a un tal Espíritu Santo Morales, quien se había alzado en un pueblo vecino llamado La Grita. Estos jóvenes, sorprendidos por la convocatoria, la aceptaron. Se entrenaron y a la hora de la verdad derrotaron a Morales en el puente de entrada a La Grita, y para premiarlos el general Lara los incorporó a todos al ejército como oficiales. Entre los más destacados estaban Cipriano Castro y el hijo de Petra y Jesús Manuel, Eulogio Moros, quienes descollaron por su destreza y coraje. A ambos les dieron el grado de teniente. 

                Esta experiencia y el hecho de haber progresado juntos y haber ingresado a la milicia a través de méritos propios en el ejercicio de actos de guerra consolidaron la amistad entre Castro y Moros, lo cual se comienza a notar con fuerza debido a lo pendenciera de la personalidad de Cipriano, quien caía muy fácil en la idea de resolver sus conflictos a base de violencia no más a la entrada de los mismos.

                En una ocasión Cipriano Castro, ya de veintiséis años de edad (año de 1884, gobierno de Joaquín Crespo), lo pusieron preso por haber herido de bala, enfurecido, al párroco de la iglesia de Capacho porque él aseguraba que el sacerdote escondía en la Iglesia a un hermano, al que él acusaba se haber embarazado a su vez a su hermana. Los vecinos se fueron a la policía, la cual se presentó en el lugar, y al Cipriano darse cuenta, salió en estampida en su caballo pero a las pocas cuadras fue alcanzado y de allí se lo llevaron a la cárcel.






Mi abuelo Eulogio Moros sin bigotes
Edad 30 años

                Pasó el tiempo, y en el desespero de estar en la cárcel, él y sus compañeros de celda hicieron un molde de la llave del calabozo, metiéndole cera de abeja a la cerradura. Un domingo mi abuelo Eulogio lo fue a visitar, y logró sacar ese molde y llevárselo a un cerrajero previamente comprometido. El cerrajero hizo la llave y se la entregó a los dueños de una panadería, amigos de Cipriano Castro, y estos la metieron en una acema de pan horneado y la llevaron al penal con otros alimentos. Al anochecer, Cipriano Castro y sus amigos tomaron la llave, abrieron el calabozo, sometieron a los guardias, y escaparon. Eulogio los esperaba cerca con unos caballos, pero fueron descubiertos. Emprendieron veloz carrera hacia el río Torbes, donde conectaron con conocidos, quienes los llevaron a la frontera con Colombia. 

                Es así como Castro sale de Venezuela y se esconde en Cúcuta, la ciudad colombiana más cercana a la frontera, y Eulogio se quedó con él por unos días hasta que regresó a Independencia por no dejar sola a su familia por tanto tiempo, ya con dos hijos. 

                En ese tiempo de Castro en el exilio, consolidó su decisión de enfrentarse a Crespo y de esta manera comienza su participación en la política nacional del país. Castro y sus amigos se transformaron en contrarios a Joaquín Crespo, el nuevo Presidente del país. 

                Crespo terminó su gobierno de dos años, el nuevo periodo según la nueva Constitución, y fue sucedido por tercera vez por Guzmán Blanco. En vista de la salida de Crespo, Cipriano decidió bajar la guardia, pero no podía volver al Táchira pues era solicitado por la policía a raíz del supuesto atentado al sacerdote de Capacho Nuevo, y por haberse fugado de la cárcel. Quedó fichado como un sujeto peligroso. 

                A Castro ya se le había sembrado en Cúcuta la idea de tomar el poder nacional pero debido a que no podía volver al país y conspirar desde adentro, planificó una invasión forzosa con todo detenimiento hasta que el 23 de mayo de 1899 se hizo acompañar por sesenta revolucionarios e invadió a Venezuela, y ya para octubre de ese mismo año logró llegar a la Casa Amarilla, donde funcionaba la sede del Gobierno Nacional y donde fue recibido con honores por los mismos ministros y otros altos funcionarios del gobierno al que acababa de derrotar.

                A partir de este momento mi abuelo Eulogio, quien hizo la travesía completa desde Capacho hasta Caracas, se convirtió en General y en principal colaborador de Cipriano Castro, ejerciendo diversidad de altos cargos en el nuevo gobierno.

                A los años de esta exitosa aventura Cipriano Castro tuvo que ausentarse del país por una dolencia, situación que aprovechó Juan Vicente Gómez para hacerse del poder, en un acto de deslealtad sin precedentes hasta ese momento. Sabiendo Gómez de la íntima amistad de mi abuelo con Castro, lo alejó de los altos cargos y lo confinó a Margarita como Comandante de Armas de aquella guarnición, alejada y sin mayores recursos, al punto de que ni una lancha patrullera tenía.

                A partir de este momento comienza un nuevo periodo de vida para mi abuelo, quien no volvió a ver más nunca a Cipriano Castro pues este no pudo volver a ingresar al país. Gómez trataba a mi abuelo con distancia y desconfianza al punto de que lo sacó de la milicia y le propuso negocios ganaderos pero dejando a mi abuelo en evidente desventaja en esos negocios.

                Mi abuelo terminó en el estado Apure siendo testaferro de Juan Vicente Gómez, en una vida nueva y diferente, pero a la que le tomó gusto y con el tiempo logró una relativa independencia la cual no pudo disfrutar por mucho tiempo porque lo sorprendió la muerte muy temprano.


                En mi libro "Un siglo sin tí" doy interesantes detalles de este periodo de vida de mi abuelo, donde hubo de vivir la mar de situaciones para poder sortear el tutelaje de Gómez hasta que finalmente pudo zafarse a pesar de que le costó su propia existencia, dejando un inmenso legado de vida ejemplar y de bienes para su familia.

Obituario de mi abuelo, a sus pírricos 64 años
        Murió el mismo año que Cipriano Castro, 
                    en febrero de 1924.-                     
  




 

martes, 31 de marzo de 2026

Vivir en El Conde

Avenida Este 6 de la urbanización El Conde, años '60

VIVIR EN EL CONDE
"El progreso de una ciudad se ve comprometido cuando se demuele una urbanización pionera que apenas acaba de cumplir veinte años de fundada y luego hay que esperar cincuenta años para encontrarle un sustituto" Arq. Ernesto Fuenmayor.-

                Cuando se casaron mamá y papá se fueron a vivir a la casa que él había tomado en el mes de Julio de ese año en la Urbanización El Conde. La Urbanización El Conde quedó asentada en tierras que eran del expresidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, una hacienda de café de principios del siglo XVII, la hacienda El Conde, tal y como se llamaba cuando pertenecía al Conde de San Xavier. Allí el atractivo eran sus árboles frutales, “de los más regalados de España”. Era de las barriadas mejor asentadas de Caracas. Un urbanismo moderno y consolidado. 

                Después de pasar por los desarrollos urgentes de la Laguna de Catia y de Propatria provocados por las grandes masas de obreros del boom petrolero, los constructores comenzaron con una visión más amplia, ahora no por unidades en las cuadras ya formadas antes de la Quebrada Anauco, sino en grandes lotes de tierra de las afueras de la ciudad. Es así como Juan Bernardo Arismendi, un oriental venezolano visionario e inquieto, se compró en París en el año 1923 la Hacienda La Yerbera y la Hacienda El Conde de manos de los descendientes de Antonio Guzmán Blanco; se asoció con el sastre Luis Roche y en poco tiempo sacaron la Urbanización San Agustín del Norte y la Urbanización El Conde. El negocio era satisfacer la demanda de la pujante clase media. 

                Se inició una revolución de los conceptos. Se dejó de un lado por primera vez el modelo de la casa colonial y se empezó a establecer un jardín al frente además de que comenzaron a transformarse las ventanas de repisa,  las cuales venían cada vez más angostas hasta que aquí desaparecieron. El Conde, pionera y novedosa, nunca fue elevada a parroquia, inmerecidamente. Se prefirió anexarla a San Agustín. A El Conde se llegaba primero que a San Agustín, desde Puente Mohedano, su entrada natural. En El Conde se inició el modernismo para la clase media, un estilo que se diseminó galopante de allí en adelante. 

                Las casas de El Conde tenían garaje, toda una novedad. Todavía eran pareadas y de dos ventanales, tal y como las de Altagracia o de Santa Rosalía, de mucho antes. Ahora eran de dos pisos y el jardín central de la época colonial se había transformado en un escenario de piso de mosaicos donde sucedían las mejores celebraciones de la familia. 

                Pasarán muy pocos años para que este sólido urbanismo fuese eliminado del mapa de Caracas. La Urbanización El Conde fue derrumbada en los años 60 con miras a hacer unos edificios para la clase media. Debido a ello tuvimos que mudarnos apresurados para Los Palos Grandes. Los terrenos, durante cincuenta años después, permanecieron vacíos hasta que apareció la Galería de Arte Nacional, exactamente en el lugar donde estuvo la casa que nos vio nacer como familia y como personas.

viernes, 27 de febrero de 2026

BAILANDO JOROPO


BAILANDO JOROPO (o EL RECORRIDO DE CAPOBIANCO Y ARRÁIZ)

Salir de creer que el ímpetu de nuestro baile típico proviene de que somos indios a convencernos de que somos africanos con europeos.           

Extraordinario trabajo de Raffaele Capobianco donde reúne mucha referencia de Arráiz Lucca a raíz de su reciente llegada de Colombia, donde estuvo impartiendo clases durante tres años en la Universidad del Rosario, lo cual le permitió observar y aprender del por qué la diferencia étnica entre venezolanos y colombianos. 

Capobianco dice en su artículo: 

        "Hay un artículo (creo que en el portal La Gran Aldea) en donde el profesor Rafael Arráiz Lucca contaba en forma muy apretada su vivencia de 3 años en Colombia, siendo profesor en la institución privada Universidad del Rosario en Bogotá.

        Cuenta Arráiz Lucca, que lo primero que le llamó la atención es que, a diferencia de Venezuela, se encontró que todos los comercios en Colombia están en manos de colombianos. Nada de ir a la panadería de un portugués, la carnicería de un italiano, o la ferretería de un español. No, allá todo está en manos de los colombianos. Los extranjeros brillaban por su ausencia. Otra cosa que encontró, es que los colombianos suelen ser hijos, nietos y bisnietos de colombianos. Cuando comenzaba el semestre en la universidad, le preguntaba a los muchachos de su curso que cuántos eran hijos o nietos, al menos de un extranjero. Dice que hubo cursos en donde nadie levantó la mano y en el mejor de los casos, quizás tuvo algún curso en donde un 10% levantó la mano. Refiere Arráiz Lucca, que esa misma pregunta realizada en la Metropolitana de Caracas, se traducía en un bosque de manos.

        ¿Explicación? Pues que las migraciones siempre se dan hacia aquellas naciones que en donde la posibilidad de progresar es mayor.  Venezuela siempre fue rica para los ojos del inmigrante. Desde la época de las perlas de Margarita, pasando por  el balatá y el oro de Guayana, el café, el tabaco, la caña de azúcar, cuero, y finalmente, el excremento del diablo. Frente a toda esa riqueza, Colombia era la hermana pobre. ¿Quién iba a querer probar suerte en Colombia, si en Venezuela sobraba riqueza y oportunidades de trabajo? Somos un país único –y no lo sabíamos– que siempre ha favorecido la inmigración sin mayores cortapisas.

        Este "welcome" a los extranjeros, trajo como consecuencia que el venezolano siempre haya convivido con la presencia de los mismos; gente extraña, pero a la que nunca vieron como invasores o rivales. El cementerio judío (todavía operativo en América Latina) está en Santa Ana de Coro. ¿De dónde venían esos judíos? Pues de Curazao. ¿Y cómo llegaron a Curazao? Pues desde Ámsterdam, a donde habían llegado en la época en que fueron expulsados de España junto con los árabes. Eran, por tanto, sefardíes en su mayoría. La otra gran migración judía la constituye los asquenazis venidos de la Europa Central.

        Páez encomienda al geógrafo Agustín Codazzi a la búsqueda de colonos agricultores que quieran venir a establecerse en una Venezuela desolada y vaciada por las guerras de independencia. En Europa lleva a encontrarse  con Humboldt en París y este le recomienda traer a agricultores de la Selva Negra. Es entonces con Codazzi, que llegan los primeros alemanes que se terminan estableciendo en lo que hoy es la Colonia Tovar. Posteriormente llegará otro barco con más alemanes, pero estos terminarán separándose de los primeros y estableciéndose en un lugar cercano llamado El Jarillo.

        Llegan también, huyendo de la persecución político-religiosa por parte del Imperio Otomano, los sirios y libaneses que pronto poblaron puertos como Puerto Cabello, La Guaira, Carúpano, Ciudad Bolívar. Son nuestros famosos "turcos", pues viajaban todos con pasaporte de ese gran imperio árabe que se derrumbaría después de la Primera Guerra Mundial. "Turco te llamé, "turco" te quedaste. Y pasó lo mismo, llegaron esos "baisanos" y nadie se metió con ellos.

        También, por esa época, llegan los corsos. Lo mismo, la boyante vida de los puertos venezolanos es el imán que les hace venir. Siendo Córcega una isla que había sido italiana, pero que hace tiempo que pertenecía a Francia, se dio el caso de que Venezuela se ve de repente llena de gente con apellido italiano, pero que hablaban francés. Franceschi, Morandi, Lucca, Raffalli, Figarella, Leoni, Paván, Bonaparte, son todos apellidos corsos.

        Después llega la explotación petrolera y con ello más musiúes que llegan a Venezuela. Y, finalmente, la gran inmigración masiva y controlada, se da con la dictadura de Pérez Jiménez, en donde españoles, italianos y portugueses provenientes del hambre de la postguerra, cruzaron el Atlántico para probar suerte en Venezuela y, como todo extranjero que llega a Venezuela, después no se quisieron ir. En la década de los 70 se da también otra inmigración. Gente, huyendo de dictaduras de Argentina, Chile y Perú, llegan a Venezuela. Por cierto, en el caso de Chile se dio una situación muy curiosa. Se da una primera oleada migratoria huyendo del desplome económico que representó el gobierno socialista de Allende. La segunda oleada se produce con el golpe de Estado de Pinochet.  Ambos grupos chilenos les tocaría convivir en Venezuela y la verdad es que nunca supe de enfrentamientos entre estos coterráneos.

        ¿Cómo explicar que un pueblo que gusta presumir de ser descendientes de los bravos guerreros caribe, nunca tuvo mayores problemas con ese minestrone de extranjeros presentes en nuestro suelo? Pues el propio profesor Arráiz Lucca desmonta un mito. En un programa con Román Lozinski le preguntaron al profesor Arráiz que qué significaba étnicamente ser venezolano? Arráiz Lucca apela a datos estadísticos. Supuestamente está asentado en archivos que en la época de la Colonia llegaron a Venezuela unos 89.000 españoles. De ellos, solo el 11% eran mujeres. Y de las mismas, la mitad pertenencia al clero (monjas). Dice Arráiz, con picardía, que a esa desproporción había que buscarle solución. La misma vino del cruce con las mujeres esclavas africanas. ¿Y los indios? Arráiz Lucca dice que a diferencia de los aztecas, mayas e incas, los indígenas venezolanos no establecieron ciudades. Eran nómadas que cuando escaseaba la caza o se agotaba el suelo, mudaban su campamento. ¿Hacia donde mudaban sus campamentos? Lejos de la civilización, de la presencia del colono español que también los esclavizaba. Concluye Arráiz Lucca, que a diferencia de lo que gustan presumir los venezolanos, que de tener otra sangre (aparte de la española)  siempre gustan de presumir de su sangre indígena, esto no es cierto. Salvo ciertos lugares muy localizados, la mezcla de razas durante la Colonia es producto mayormente de múltiples combinaciones entre blancos y negros. O sea, que cuando nos "jinchan" los pies y comenzamos a bailar, es por la sangre negra que portamos y no por la que pudiéramos tener de un Guacaipuro.

        Y si revisamos nuestra historia, el Presidente Rómulo Betancourt era hijo de un comerciante canario nacido en Tenerife. El presidente Raúl Leoni Otero era hijo de un corso, de nombre Clemente, que para acompañar a su hijo mientras estudiaba Derecho en la UCV, montó la famosa Farmacia La Francesa en la esquina de Santa Capilla. ¿Su socio? Su cuñado, Henrique Otero Vizcarrondo, padre de Miguel Otero Silva y a quien (como regalo de cumpleaños) le compró en los EEUU una rotativa de segunda mano y con la cual MOS fundaría el periódico EL NACIONAL. Y, ahora que me tropiezo con el apellido Vizcarrondo, se me había olvidado citar la presencia de los vascos en Venezuela. Olavarría, Urdaneta, Landaeta, Zubillaga, Zuloaga, Lacalle, Arismendi, Aguirre, Anzoátegui, Bolibar (cambiado a Bolívar al llegar su portador a Santo Domingo) son todos apellidos vascos muy ligados a nuestra historia.

        Otro dato sobre el apellido venezolano Otero, es que, aparte de ser primos hermanos Raúl y Miguel, también eran ambos primos hermanos del escultor Alejandro Otero Rodríguez. La gran estructura (toda ella de acero inoxidable) que está en la hidroeléctrica de Guri, donde 2 turbinas tipo Francis están en la cúspide de la estructura (en forma  contrapuestas y colocadas horizontalmente), y que se conoce como Torre Solar, es obra de Alejandro Otero.

        Sigo con mis "linajes". La madre de Marcos Pérez Jiménez era una maestra colombiana. Marcos Evangelista fue su hijo N° 16.  El hombre de Rubio, Carlos Andrés Pérez, era hijo de un colombiano que se vino muy joven a buscarse la vida en Venezuela. A su vez, este colombiano lo era solo de nacimiento, pues resultó ser hijo de un matrimonio español  proveniente de Asturias y que se había radicado en Colombia. Jaime Lusinchi tiene ascendencia corsa por parte de su mamá. El papá de Jaime se apellidaba Chacín y dado que estaba casado con otra mujer cuando nació el niño, no le dio su apellido. La mamá de Lusinchi era nieta de un corso llegado a Venezuela a finales del siglo XIX. Al igual que el Presidente Leoni, el Presidente Lusinchi tiene entonces ascendencia corsa.

        ¡Caramba! Hemos venido siendo gobernados por gente con sangre extranjera y no lo sabíamos.

        No exactamente. Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, no tienen ascendencia extranjera directa ni a nivel de bisabuelos. Los orígenes de sus apellidos hay que buscarlos en el periodo de la Colonia (siglo XVI; años 1500).

        Recordando el reclamo de la muchacha peruana, a la vez del reconocimiento que hace a esos venezolanos que, mientras vivió entre nosotros, nunca le dijeron que se devolviera a su país, la realidad es que en este maravilloso país a quien muy acertadamente Colón llamó Tierra de Gracia, y en donde todos llevamos en el color de nuestra piel las distintas tonalidades de ese sabrosa mezcla de un café con leche, los hijos vienen al mundo con plumas de pavo real. Y dentro de ese extenso y gran abanico, caben todas las nacionalidades del mundo. Bienvenidos serán siempre todos esos musiúes que vengan a nuestro país para engrandecerlo con su trabajo honesto, y que a la vez puedan hacer del mismo, la Patria de sus hijos y nietos.

P.S.:  En los "linajes" que he venido destacando, se me quedó en el tintero hacer referencia a una persona que es orgullo de los monanguenses. Me refiero a Bill Clinton que, como todo el mundo sabe, nació en Caripito".

Fuente: Raffaele Capobianco. Bitácora Venezuela Plus
Fotografía: Elsumario.com