martes, 29 de septiembre de 2026

El Niño Jesús y la música

        No solté a la música más nunca, aunque tampoco la estudié.                Posteriormente fui convocado para formar un trío musical. Al Trío lo     llamamos “Los Henry”, los guitarristas.

EL NIÑO JESUS Y LA MUSICA. "...                                                                                                     Parece que fue ayer que el rey Melchor se lo hizo bien conmigo, y me trajo una guitarra..." Joaquín Sabina.                                                                                                                                                                                                 Mamá procuraba darnos vida tradicional en las costumbres y en las creencias. En diciembre nunca faltaba el aguinaldo y el regalo que nos traía el Niño Jesús, un regalo siempre acorde con lo que le solicitábamos en nuestras cartas, hechas de lo más decentes. En diciembre del año de 1956 yo le pedí en mi carta un cuatro, un reloj y cien bolívares. Al abrir los ojos el día 25 en la mañana y asomarme a mis zapatos, efectivamente tenía las tres cosas montadas sobre ellos, los zapatos del colegio que me había ocupado de pasarles el cepillo y colocarlos justo uno al lado del otro en el centro del piso al pie de mi cama, a la vista, por el lado derecho, que era el lado que daba hacia la ventana porque por allí era que se colaba el Niño Jesús para traernos los regalos. Así como encontré las tres cosas acomodadas arriba de mis zapatos al despertarme, también encontré a mamá oronda, sentada al pie de la cama por el lado derecho, pendiente de cuando yo abriera los ojos. Me pareció un milagro aquello de los regalos, y lo que hacía era reírme de alegría, pero no tanto por los regalos en sí mismo que por el hecho de que se haya dado aquella expectativa donde efectivamente el Niño Jesús le traía cosas a uno. Me parecía algo mágico. Lo primero que tomé fue el billete de cien bolívares, un billete marrón, nuevo. Me pareció increíble que pudiese tener en mis manos una cosa que tenía tanto valor, según le había oído a mamá. Al tener el billete por unos minutos en la mano, el cual veía por el anverso y el reverso, mamá se dirigió a mí con la palabra, y en un tono muy suave pero firme, me dijo que como yo era un niño bueno y que quería tanto a su mamá, yo le iba a regalar ese billete de cien bolívares a ella, sugerencia la cual acepté en el instante, y le alargué mi brazo con el billete para entregárselo, convencido. El cuatro y el reloj sí se quedaron en mi poder.         Recientemente me enteré en conversaciones con mamá que el admirado billete se lo había prestado mi esmerado tío Oscar para cumplir con los requerimientos de mi carta al Niño Jesús. Yo no sabía tocar cuatro, y fue ese regalo del Niño Jesús el que me acercó a la música. A los días de recibirlo me llegó el método de Oscar Delepiani, con sus gráficos tan elocuentes para las posiciones de los dedos, y las canciones que consistían en las más sencillas para los primeros pasos. Me interesé de primero en afinarlo con el cam-bur-pin-ton, lo que me propuse como un reto. Debía sentirlo al pulsar cuerda por cuerda con el pulgar de la mano derecha, tal cual y como lo sentí por la televisión, que fue cuando se me grabó esa cadencia. Después de mucho rasgar aprendí a afinar. Empecé mi experiencia con Allá en el Rancho Grande y Compadre Pancho, que tocaba en todas partes por toda la casa. Allí me quedé durante un tiempo hasta que descubrí Fúlgida Luna, una canción que se me arraigó en el alma, quizás por su melodía tan suave y tan sencilla. Con esa canción me encerraba en el cuarto. La tocaba y la cantaba. Por las noches mamá era mi auditorio, allá en la salita del piso de arriba. Los dos parados uno al frente del otro con el escritorio de madera de caoba que era de papá de por medio. Yo tocando y cantando y ella oyendo, danzando con medio cuerpo y palmeteando, sonreída todo el tiempo, viéndome con la cabeza gacha y los ojos disparados hacia arriba, fijos en mi cara, para al final decirme, contenida y aplaudiendo: “-bueeeeno. Qué bueno!”.                                                                                                         El tránsito que discurrí después ocasionó que dejase el cuatro de un lado. Lo retomé en primer año de bachillerato, donde tuve la suerte de conocer a Igor Lanz, compañero de estudios, luego compadre y amigo de toda la vida, quien estudiaba música por las noches en la José Angel Lamas de la Avenida Urdaneta.
Me enseñó los tres acordes de cada tono: la tónica, la cuarta y la dominante, pero con el tiempo me dediqué solamente al re mayor y su relativo menor, el si menor, los dos tonos más sencillos para los dedos, además de que descubrí que con esa combinación podía sacar todas las canciones que me fueron gustando. Empecé con Sombra en los Médanos, de Rafael Sánchez. Después me fui aprendiendo todo lo del Quinteto Contrapunto y todo lo que interpretaba Jesús Sevillano, cuando ya dominaba varios tonos con facilidad. Allí estaba Crepúsculo Coriano, también de Rafael Sánchez, Rafucho, de quien vale la pena decir que no sé cómo no es un santo. Murió a los 30 años apenas, y sin embargo está en el alma de quienes experimentamos y vivimos sus melodías, tan bellas como sus letras. En su breve vida solamente escribió para Falcón, sus médanos, su luna, sus tardes, sus cardones y sus tunas. Amó a los niños, para quienes fundó una escuela cuando él tenía 17 años apenas, en la cual era director y maestro.                                                No solté a la música más nunca, aunque tampoco la estudié. Posteriormente fui convocado para formar un trío musical. Al Trío lo llamamos “Los Henry”, los guitarristas. Tuvimos contrato en Mi Vaca y Yo, de la carretera vieja de Baruta. En esa misma época pertenecí a un conjunto musical que armó Orlando Yépez mi compañero de estudios, que se llamaba “Los Rítmicos”, donde mi estimado amigo Saul Salcedo era el guarachero y yo era el bolerista. Tocamos en varias fiestas y ganamos dinero con eso. En una de ellas, en la casa de Don Pedro Ríos Reina de La Florida, eminente músico venezolano, vi por primera vez a Raiza Savelli Monagas, y canté “Quiero Verte Una Vez Más” dedicada a ella. Terminamos viéndonos varias veces hasta que nos casamos.

lunes, 31 de agosto de 2026

En Honor a Papá. Memoria de amor, esfuerzo y legado.


                Esta nueva oportunidad que me envía la vida para frecuentar cosas bonitas, no la quiero dejar pasar. Pienso que es un escrito que expresa el mejor regalo de cumpleaños que una hija le puede dar a su padre, como lo es la admiración. 
                   Se trata de un venezolano nacido en Táriba, estado Táchira, que un buen día casó con una trujillana que se le puso en el camino y la escogió para llevar adelante el gran proyecto de su vida: dedicársela a lo que manda la naturaleza, como lo es producir seres humanos que conserven la especie, pero a hacerlo de una manera humana y digna, con justicia, creando y criando seres que terminaron siendo útiles para la sociedad, el gran objetivo del ser humano, y la persona que hoy da fe de ello es digna representante de  ese ramillete, agradecida de la vida por ese regalo de padre que la trajo al mundo, agradecida de la vida de una manera tan sublime, que este escrito lleno de amor y humildad es apenas como decir "no hay palabras".                                                                                                              Gracias a esta mi gran amiga, a quien admiro y respeto, no tanto por su desenvolvimiento profesional como abogado que le permitió la confianza de ministros y presidentes de importantes instituciones al confiarle cargos de altísima responsabilidad, sino por su calidad humana y sensibilidad aquí demostradas.                                                                                                                                                                                                                                                                                                               EN HONOR A PAPÁ, MEMORIA DE AMOR, ESFUERZO Y LEGADO."                             "Estoy escribiendo sobre eso... pero entra el mar en mis ojos". Belkys Rivera                                                                                                                                                                                                   Un 26 de agosto nació papá. Con  la inmensa e íntima alegría de haberlo tenido como padre, comento sobre los cinco días más felices de su vida, como yo le decía a mamá. ¿Cuáles? LOS DE LOS GRADOS DE SUS CINCO HIJOS. Él solo pudo estudiar hasta sexto grado en el colegio Salesiano de su pueblo, Táriba.                                                                                                                                                                               Una vez nos contó que el último día de clases lloró por las calles de su pueblo hasta llegar a su casa.                                                                                                                          Pienso que  lo que quería  estudiar  quizá  fue medicina.. Con el tiempo se preparó. Caminaba varios kilómetros para estudiar inglés. Lo hablaba y escribía mejor que sus hijos, que lo habían estudiado en bachillerato.                                                                                                                                                                                              Estudió por correspondencia Cursos de Contabilidad y de Química, y uno presencial de Gerencia.                                                                                                                                 Leía un libro de un Sacerdote Colombiano Naturista, del cual aprendió mucho: ponía ponía cataplasmas de barro para desinflamar. Mamá contaba que Beatriz, mi hermana mayor, debía ser operada de una hernia inguinal, y en unos meses  el doctor se asombró porque la hernia había desaparecido. A mamá le quitó un furúnculo o absceso que le salió debajo del brazo.                                            Fue Cajero de dos Bancos... Gerente de Recursos Humanos del Hospital General de San Cristóbal. Gerente de la Caribbean Petroleum y del  Banco de Fomento Regional Los Andes en Mérida durante 26 años, su último cargo hasta su jubilación.                                                                                                                                                            Estoy escribiendo sobre eso... pero entra el mar en mis ojos… continuo.                        Después de ponerle la medalla de grado a papá en el Paraninfo de la Universidad, nos íbamos a celebrar en la casa con la familia y los amigos íntimos. Se iniciaba con una copa de champaña… y después whisky, y pasapalos hechos en casa. Me imagino que mis amados padres hacían esfuerzos ahorrando para ese día.                                                                                                                                      Mamá nos decía  que  le pusiéramos  la Medalla  a  papá... Ella  sabía  la inmensa alegría de él.                                                                                                                                      Quiero  resaltar  que  esa  fuerte  experiencia  de  la  niñez  y  las carencias que tuvo no lo marcaron negativamente, al contrario: las convirtió en respeto, humildad y amor por la gente: Todo el tiempo ayudando a quien lo necesitare, eso nos lo inculcó. Y cuando se quedó ciego... fue tan estoico... aceptó su situación con entereza... nunca se quejó. Pienso que esa fuerza la asimiló de sus estudios de la Filosofía Rosacruz.                                                                                                                  Oía un programa de radio donde se pedían ayudas... después marcaba el teléfono para decir que pasaran por su casa para donarle algo a esa familia necesitada.                                                                                                                                                               Cuando papá se fue, allende las nubes... al tiempo, mi hermana Beatriz y yo, con profunda emoción, nos enteramos de lo que papá estudió, porque fue tan humilde que nunca nos dijo nada.                                                                                                                                                                              — Belkys Rivera Africano —

viernes, 31 de julio de 2026

Rubén Juárez: el último café


Rubén Juárez: el último café
"Unas veces lloramos de alegría, y otras veces lloramos de tristeza". Rubén Juárez, a su bandoneón.                                                                                                   
                Extrañamente lo llamaban Rubén, pero el primer nombre de este inextrañable y entrañable personaje era Jorge, un cordobés argentino contemporáneo conmigo con el que apenas tenemos tres cosas en común: nos conocen por nuestro segundo nombre, nacimos el mismo año y a los dos nos apasiona el tango.                                                       
                Conocí a Rubén en Caracas en un momento de la vida en el cual su calidad como cantante lo trajo a mi ciudad capital para presentarse en el local más boyante dedicado al tango que tenía Venezuela que se llamaba "La peña tanguera", de Luis Alonso, y que quedaba en la avenida Venezuela de la urbanización Bello Monte, frente a la autopista del este, y que era el templo del tango en su época.               
                Rubén, de estatura promedio, de grata presencia y tipo  bien parecido, llegó al local en flux blanco y corbata roja con solamente dos elementos ceñidos a su cuerpo: una caja de cartón y un bandoneón blanco terciado de un lado.                                                                                     Ya avanzada esa noche, lo recuerdo bajándose de un automóvil grande, color blanco descapotable y tapicería roja, manejado por otra persona. Hasta que entró a la puerta del local, no soltó una sonrisa franca saludando a un grupo numeroso de fanáticos que lo esperaban a las puertas de "La peña tanguera".                                                                            Esa noche fue que conocí personalmente al artista cantante Rubén Juárez, quien, además de su prodigiosa voz clara, grave y de mucha fuerza, se caracterizó por utilizar un bandoneón simultáneamente con su cantar. Es quizás el único intérprete de tangos que ha unido al canto el hecho de ejecutar a la vez el bandoneón simultáneamente, lo cual lo convierte en un artista único dentro de la historia del tango.                      
                Al final de su segunda tanda de canciones se acercó espontáneamente a nuestra mesa donde estaba parte de mi familia y mi persona, y para sorpresa de todos se sacó del bolsillo un cassette contentivo de su primera producción llamada "Mi bandoneón y yo" y se lo regaló a mi hermana. Permaneció un rato conversando con todos, sobre todo con ella, de quien creo quedó prendado.                                            
                Esa noche entendí que Rubén, de una prodigiosa voz hecha para el tango, no le cantaba a la mujer sino a la vida y a su vida. Todas las obras producidas por él, las cuales me aprendí todas las contentivas de ese cassette, iban por ese camino.                                                                     Se regresó Rubén para su tierra y le perdí la pista hasta que unos pocos años después supe que estaba en Margarita con su familia, y lo ubiqué en el hotel donde hacía su presentación. Se acordó del capítulo en nuestra mesa de la noche en "La peña tanguera". Yo le comenté en tan breve conversación que me sabía todas las canciones de esa primera producción musical expuesta en ese cassette que quedó exhibido arriba del mantel blanco de nuestra mesa, al cual yo no le quitaba la vista de encima dado que a mi hermana le dió por dejarlo allí toda la noche, toda orgullosa.                                                                         Al final de nuestra breve conversación me invitó a visitarlo a Buenos Aires. Me quedé con esa invitación haciéndome bulla en mi corazón hasta que un buen día el destino me llevó a Buenos Aires como representante de una empresa venezolana consultora dedicada a proyectos de ingeniería. Yo vivía en Asunción, la ciudad capital del Paraguay pero siempre buscando la oportunidad de acercarme al vecino Buenos Aires a buscar el barrio Palermo Viejo, que fue lo que me dió como dirección. No me dijo más nada sino que buscara allí la Plaza Serrano y preguntara por el "Café Homero".                                         A mí me extrañó porque yo juraba que quedaba más bien en San Telmo, que era donde estaban casi todas las más famosas tanguerías concentradas. Sin embargo Juárez apostó por abrir un espacio tanguero propio en Palermo.                                                                                   Allí llegué yo finalmente aquella noche todo enfluxado con tres amigos, y apenas lo vi, gordo y con una cara redonda, me le acerqué y le dije "como buen venezolano, aquí estoy aceptando aquella grata invitación desde Margarita. No hay distancias". En un alarde de buena memoria enseguida reaccionó con un estrecho abrazo que me llegó hasta el alma. Fue un momento inolvidable y de los más satisfactorios de mi vida.                                                En nuestra mesa de mantel blanco de gruesa tela de algodón, Rubén me dedicó un rato que aunque se me fueron muy rápido no los olvidaré más nunca. De allí me invitó a cantar con un trío que le tocaba a sus artistas invitados y a él en sus presentaciones. No quise cantar nada de sus canciones por el único motivo de que no lo iba a hacer con la calidad que él lo hacía. Además, no toco el bandoneón.                                                                     Rubén se nos fué para siempre al año siguiente de aquella velada inolvidable debido a una sorpresiva enfermedad.                                                                Me quedaron dos cosas hermosas de esa milagrosa noche, dos cosas impregnadas de Rubén, un personaje muy emotivo: una, la canción que se me ocurrió cantar llamada casualmente "El último café", y dos el espontáneo y fuerte abrazo que nos dimos de corazón que, además de nuestro cariñoso debut como amigos en su cálido local Café Homero, resultó también de despedida.                                                     







                          

domingo, 28 de junio de 2026

Del sismo al cataclismo


Residencias Coral Beach, estado La Guaira.-

DEL SISMO AL CATACLISMO
(José Durabio Moros. Ing. civil estructural CIV 12567)

“Vivo en una casita con jardín, pero sigo yendo a la calle oscura cerca de donde nací”. Joan Manuel Serrat.-

                Indudablemente que, ante la impotencia y el no poder ante lo que nos envió la naturaleza este 24 de junio, lo que nos va quedando hacer es aceptar la realidad, mejorar nuestras edificaciones (que sean defensas para nuestras vidas y no unas cajas que encierran la muerte), y defender lo que nos va quedando.

                Las edificaciones que quedaron de pie, no quiere decir que no hayan quedado heridas, o hasta heridas de gravedad. Es lo que principalmente debemos definir y así reparar lo que acepte reparación y prescindir de aquellas que quedaron heridas de muerte. Tomar una decisión entre estas dos opciones es de una gran responsabilidad, sobre todo cuando se trata de edificaciones residenciales. Tomar una decisión no debe provenir de una inspección ocular, o inspección de algunas zonas, o de algunos aspectos, o de criterios provenientes de características que están a simple vista. 

                Cuando un ingeniero civil estructural decide participar en estas inspecciones técnicas lo primero que tiene que tener es un gran sentido de la responsabilidad y no dejar cabos sin atar bajo ningún concepto, lo cual es muy posible, incluso a pesar de que parezca que todo ya está revisado. Es por ello que lo primero que debe hacerse es crearse un baremo, un protocolo de donde no escape ningún aspecto, porque no es solamente certificar que las vigas y las columnas no hayan colapsado; son cantidad de otros aspectos que no están a simple vista. Por ejemplo: las declinaciones o inclinaciones. Puedo decir con propiedad que hay inclinaciones que pudieran ser tolerables, lo cual va a depender del grado de la inclinación, de la calidad del suelo, del tipo de infraestructura, de las condiciones en las que haya quedado esa infraestructura luego del evento sísmico, y de los trabajos adicionales que hay que hacerle a la edificación de manera de garantizarnos de que la inclinación tolerable no crezca. En Venezuela, específicamente en Caracas, tenemos ejemplos palpables de grandes edificaciones importantes a las que se les han detectado grados de inclinación y otras fallas luego de haber sido construidas pero son fallas que se han considerado tolerables y que se les han encontrado soluciones estructurales adicionales y por ello han logrado permanecer en pie de manera garantizada. Pude inspeccionar varias de las que conozco su caso, porque hay varias en Caracas, y quedaron intactas luego de esta amarga experiencia que acabamos de tener. No las quiero mencionar para no crear zozobra pues a pesar de que se les aplicaron soluciones adecuadas y eficaces, todas ellas tienen circulación y permanencia de personas tanto de día como de noche, personas que pudieran crearse inquietudes innecesarias, porque esas edificaciones, de gran envergadura, permanecen en un funcionamiento pleno, a pesar de que a algunas de ellas las obras adicionales les fueron efectuadas hace más de veinte años y siguen prestando servicio.

                Así como el aspecto estructural y la verticalidad, existe la posibilidad del hundimiento, luego de un evento del calibre al que fue sometido el suelo en varias partes de nuestro país. Muchas veces ese hundimiento es diferencial y otras veces uniforme. Del diferencial nos damos cuenta de mejor manera porque viene acompañado de una inclinación, lo cual con aparatos de medición específicos se puede detectar fácilmente. El más difícil de precisar a simple vista es el hundimiento uniforme cuando se trata de centímetros, por ejemplo, y es difícil de precisar también si ese hundimiento es tolerable o no, sobre todo si no se tiene el perfil litológico o estratigráfico del suelo portante. Es una de las posibilidades más difíciles de precisar luego de un sismo de consideración o de un terremoto, pero es un aspecto que debe ser siempre tomado en cuenta, porque es el suelo el que con su movimiento ocasiona estas consecuencias, difíciles de diagnosticarles su continuidad en el tiempo, es decir, si va a seguir hundiéndose la edificación.

                De manera que para dar el dictamen de que un edificio puede ser de nuevo habitado o no después de un terremoto, no es cosa de una inspección ocular de la estructura, sino que intervienen otra serie de factores multidisciplinarios que requieren apoyo interdisciplinario, herramientas e instrumentación que nos permitan dictar un criterio, preciso, definitivo y adecuado.

                Mientras tanto, la humanidad tiene que ir prescindiendo del criterio de los edificios altos, innecesarios, que lo que traen es muerte y dolor. El hombre nació para estar con los pies sobre la tierra, y La Tierra tiene suficiente espacio para urbanizar en horizontal, en lugar de tanta "mole" alta que nos rodea. Absurdo que los venezolanos trabajemos bajo esos esuqemas, inconvenientes por razones de salud, pero sobre todo sabiendo que somos un país sísmico y teniendo tanta tierra ociosa. Solamente pensar que el 80% de nuestra población vive en los estados costeros, y solamente un cinco por ciento entre el estado Bolívar y el Amazonas nos deja ver la falta de planificación macrourbana, teniendo esos dos estados los atractivos turísticos más llamativos del mundo y el 90% de los reservorios de agua dulce.

                La humanidad en su decadencia, irreflexiva, ligera, suicida, a través de los años se ha venido acostumbrando a construir edificaciones cada vez más altas, atrevidas y esbeltas, lo cual, obviamente no obedece sino exclusivamente a razones económicas de los promotores: al aprovechamiento in extremis de la tierra, a excepción de los países árabes como Arabia Saudita, o los Emiratos Árabes, Qatar, Bahrein, donde se hacen edificaciones extremadamente altas y esbeltas pero ya por otros afanes. 

                "Tengo un departamento que nos condena a cuatro paredes, nos quita nuestro derecho a poner el pie desnudo sobre la tierra y nos mantiene en el aire", me decía un ciudadano en la calle, al conversar a apenas minutos de estar allí al sentir el temblor y salirnos en volandas del restaurante donde estábamos, yo apenas disponiéndome a comerme una ensalada Beijing.          

            Debemos comenzar a pensar en grande, es decir, a pensar en la humanidad. A pensar en desarrollos horizontales, mucho más humanos y casi exentos de riesgos ante un evento sísmico, y dejar de lado esas cajas apiladas una arriba de la otra, encerradas, rodeadas de precipicios, sin opciones, que en lugar de un sismo nos hicieron vivir un cataclismo.

 


domingo, 24 de mayo de 2026

María auxilio de los cristianos

 


MARÍA AUXILIO DE LOS CRISTIANOS
"Por tierra los pueblos del mundo en el acto de alzar las manos hacia ella pidiendo su auxilio".
Don Bosco.-

        Hoy 24 de mayo es día de la Virgen María Auxiliadora, la advocación a la Virgen María de la congregación católica salesiana. Existe desde los primeros años de nuestra era, con gran influencia luego en el siglo XVI, en los años de Pío V, cuando la invasión turca a Europa, los cuales fueron derrotados. El Papa había pedido a toda la cristiandad que rezaran e incluyeran la advocación de María Auxiliadora para evitar la toma del Continente.

        El otro Papa que dio gran importancia a la virgen María Auxiliadora fue Pío VII, quien se enfrentó a Napoleón Bonaparte por negarse a colaborar con él en la invasión a Inglaterra (siglo XIX) y Napoleón lo puso preso. En su cautiverio, situación esta que le causó un gran sufrimiento y deterioró bastante su salud, el Papa prometió a la Virgen que si recuperaba su libertad y volvía a Roma, declararía ese día como solemne en honor de María Auxiliadora. Bien pronto la suerte de Napoleón cambió y Pío VII recuperó su libertad. Llegó a Roma el 24 de mayo de 1814 y cumplió su promesa. De este acontecimiento, viene la tradición de la Solemnidad de María Auxiliadora cada 24 de mayo, un día como hoy.

        Pero la persona que más tendría que ver con la popularización de María Auxiliadora fue Don Bosco, quien atribuía a la virgen el éxito de sus obras educativas. Don Bosco comienza a referirse a ella con el nombre de María Auxiliadora a partir de 1860, año en el que confiesa que la Virgen le manifestó su deseo de ser honrada bajo dicho título y su voluntad de que se le construyera un templo.

        Don Bosco le hizo el templo en Turín, Italia, y mandó a pintar en el año de1861 para ese templo una obra artística al pintor italiano Tomás Lorenzone.

        En dicha obra aparece la Virgen con el Niño venerada por los doce Apóstoles, otros santos y los ángeles. Se considera como el icono principal de María Auxiliadora. La idea de Don Bosco que dijo al artista fue exaltar a la Virgen como Reina, con Jesús cargado, siendo Niño, ante la cual todos los Apóstoles y otros santos y los ángeles al Cielo rinden tributo.

        Los atuendos son propios de la comunidad judío-cristiana. Tanto María como el Niño Jesús llevan los atuendos reales inspirados en las monarquías europeas, la moda.

        María Auxiliadora lleva en su mano derecha un cetro, símbolo de monarquía y de reinado. Los atuendos corresponden a los usos sacerdotales, bordados en oro y telas preciosas. El niño lleva un vestido entero blanco, otro símbolo mesiánico.

       Tanto la imagen de la Virgen como la del Niño, corresponden a personajes caucásicos y rubios, lo que revela la asimilación de la advocación dentro de la historia del catolicismo en Europa, especialmente.

    Este cuadro está considerado el icono principal de "Maria Auxilium Christianorum", y la idea para su composición fue de Don Bosco, fundador de la Congregación Salesiana el 18 de diciembre de 1859 bajo el nombre de Pía Sociedad San Francisco de Sales, nombre del colegio venezolano donde tuve la suerte de estudiar todo mi bachillerato, luego de haber estudiado toda mi primaria en el internado Colegio Santo Domingo Savio, también salesiano, donde me inculcaron los valores que pudiera tener, y que me han permitido una vida serena y tolerante.

miércoles, 29 de abril de 2026

Cipriano Castro y mi abuelo


Cipriano Castro y Eulogio Moros
(26 y 30 años). Son fotos de diferentes épocas.
Cipriano le llevaba a mi abuelo tres años.

CIPRIANO CASTRO Y MI ABUELO
"Un amigo leal vale más que diez mil parientes" — Eurípides.

                Desde los diecisiete años de edad el conflicto formaba parte de la vida de Cipriano Castro, pues ya a esa edad (1875) lideraba una pandilla que se formó en San Pedro de Capacho, estado Táchira, la que llamaban "Los Azules", la cual defendía la construcción de un nuevo pueblo a raíz de la destrucción del existente hasta ese momento por el devastador terremoto que sucedió ese año. Esta pandilla era contraria a la otra, la que llamaban "Los Amarillos", que defendía la reconstrucción del pueblo devastado, en lugar de hacer uno nuevo.

                A esta pandilla pertenecían los primeros amigos de aventura de Cipriano, entre los cuales estaba mi abuelo, quien creció junto a él en Lomas Altas, donde estaban la finca "La Cedrala", de don Carmelito Castro, jefe de la familia Castro Ruiz, y vecina a ella estaba la de mi bisabuelo, de la cual no he podido dar con el nombre que le tenían. Mi abuelo se convirtió en admirador de las aventuras y los atrevimientos de Cipriano y a la larga esa admiración se transformó en una fiel amistad.

                Pasaron los años y el terremoto quedó olvidado, al igual que los pleitos de la pandilla Los Azules contra Los Amarillos, donde se caían a palazos y pedradas. Los Azules apoyaban la construcción del nuevo pueblo y Los Amarillos la reconstrucción del viejo, pero al final se hizo el nuevo pueblo, se reconstruyó el viejo, y se acabaron los pleitos. Debido a esos enfrentamientos, la pandilla Los Azules, la que comandaba el joven Cipriano, se transformó en toda una organización, a tal punto que fue convocada por un general llamado Eladio Lara del gobierno provincial, para combatir a un tal Espíritu Santo Morales, quien se había alzado en un pueblo vecino llamado La Grita. Estos jóvenes, sorprendidos por la convocatoria, la aceptaron. Se entrenaron y a la hora de la verdad derrotaron a Morales en el puente de entrada a La Grita, y para premiarlos el general Lara los incorporó a todos al ejército como oficiales. Entre los más destacados estaban Cipriano Castro y el hijo de Petra y Jesús Manuel, Eulogio Moros, quienes descollaron por su destreza y coraje. A ambos les dieron el grado de teniente. 

                Esta experiencia y el hecho de haber progresado juntos y haber ingresado a la milicia a través de méritos propios en el ejercicio de actos de guerra consolidaron la amistad entre Castro y Moros, lo cual se comienza a notar con fuerza debido a lo pendenciera de la personalidad de Cipriano, quien caía muy fácil en la idea de resolver sus conflictos a base de violencia no más a la entrada de los mismos.

                En una ocasión Cipriano Castro, ya de veintiséis años de edad (año de 1884, gobierno de Joaquín Crespo), lo pusieron preso por haber herido de bala, enfurecido, al párroco de la iglesia de Capacho porque él aseguraba que el sacerdote escondía en la Iglesia a un hermano, al que él acusaba se haber embarazado a su vez a su hermana. Los vecinos se fueron a la policía, la cual se presentó en el lugar, y al Cipriano darse cuenta, salió en estampida en su caballo pero a las pocas cuadras fue alcanzado y de allí se lo llevaron a la cárcel.






Mi abuelo Eulogio Moros sin bigotes
Edad 30 años

                Pasó el tiempo, y en el desespero de estar en la cárcel, él y sus compañeros de celda hicieron un molde de la llave del calabozo, metiéndole cera de abeja a la cerradura. Un domingo mi abuelo Eulogio lo fue a visitar, y logró sacar ese molde y llevárselo a un cerrajero previamente comprometido. El cerrajero hizo la llave y se la entregó a los dueños de una panadería, amigos de Cipriano Castro, y estos la metieron en una acema de pan horneado y la llevaron al penal con otros alimentos. Al anochecer, Cipriano Castro y sus amigos tomaron la llave, abrieron el calabozo, sometieron a los guardias, y escaparon. Eulogio los esperaba cerca con unos caballos, pero fueron descubiertos. Emprendieron veloz carrera hacia el río Torbes, donde conectaron con conocidos, quienes los llevaron a la frontera con Colombia. 

                Es así como Castro sale de Venezuela y se esconde en Cúcuta, la ciudad colombiana más cercana a la frontera, y Eulogio se quedó con él por unos días hasta que regresó a Independencia por no dejar sola a su familia por tanto tiempo, ya con dos hijos. 

                En ese tiempo de Castro en el exilio, consolidó su decisión de enfrentarse a Crespo y de esta manera comienza su participación en la política nacional del país. Castro y sus amigos se transformaron en contrarios a Joaquín Crespo, el nuevo Presidente del país. 

                Crespo terminó su gobierno de dos años, el nuevo periodo según la nueva Constitución, y fue sucedido por tercera vez por Guzmán Blanco. En vista de la salida de Crespo, Cipriano decidió bajar la guardia, pero no podía volver al Táchira pues era solicitado por la policía a raíz del supuesto atentado al sacerdote de Capacho Nuevo, y por haberse fugado de la cárcel. Quedó fichado como un sujeto peligroso. 

                A Castro ya se le había sembrado en Cúcuta la idea de tomar el poder nacional pero debido a que no podía volver al país y conspirar desde adentro, planificó una invasión forzosa con todo detenimiento hasta que el 23 de mayo de 1899 se hizo acompañar por sesenta revolucionarios e invadió a Venezuela, y ya para octubre de ese mismo año logró llegar a la Casa Amarilla, donde funcionaba la sede del Gobierno Nacional y donde fue recibido con honores por los mismos ministros y otros altos funcionarios del gobierno al que acababa de derrotar.

                A partir de este momento mi abuelo Eulogio, quien hizo la travesía completa desde Capacho hasta Caracas, se convirtió en General y en principal colaborador de Cipriano Castro, ejerciendo diversidad de altos cargos en el nuevo gobierno.

                A los años de esta exitosa aventura Cipriano Castro tuvo que ausentarse del país por una dolencia, situación que aprovechó Juan Vicente Gómez para hacerse del poder, en un acto de deslealtad sin precedentes hasta ese momento. Sabiendo Gómez de la íntima amistad de mi abuelo con Castro, lo alejó de los altos cargos y lo confinó a Margarita como Comandante de Armas de aquella guarnición, alejada y sin mayores recursos, al punto de que ni una lancha patrullera tenía.

                A partir de este momento comienza un nuevo periodo de vida para mi abuelo, quien no volvió a ver más nunca a Cipriano Castro pues este no pudo volver a ingresar al país. Gómez trataba a mi abuelo con distancia y desconfianza al punto de que lo sacó de la milicia y le propuso negocios ganaderos pero dejando a mi abuelo en evidente desventaja en esos negocios.

                Mi abuelo terminó en el estado Apure siendo testaferro de Juan Vicente Gómez, en una vida nueva y diferente, pero a la que le tomó gusto y con el tiempo logró una relativa independencia la cual no pudo disfrutar por mucho tiempo porque lo sorprendió la muerte muy temprano.


                En mi libro "Un siglo sin tí" doy interesantes detalles de este periodo de vida de mi abuelo, donde hubo de vivir la mar de situaciones para poder sortear el tutelaje de Gómez hasta que finalmente pudo zafarse a pesar de que le costó su propia existencia, dejando un inmenso legado de vida ejemplar y de bienes para su familia.

Obituario de mi abuelo, a sus pírricos 64 años
        Murió el mismo año que Cipriano Castro, 
                    en febrero de 1924.-                     
  




 

martes, 31 de marzo de 2026

Vivir en El Conde

Avenida Este 6 de la urbanización El Conde, años '60

VIVIR EN EL CONDE
"El progreso de una ciudad se ve comprometido cuando se demuele una urbanización pionera que apenas acaba de cumplir veinte años de fundada y luego hay que esperar cincuenta años para encontrarle un sustituto" Arq. Ernesto Fuenmayor.-

                Cuando se casaron mamá y papá se fueron a vivir a la casa que él había tomado en el mes de Julio de ese año en la Urbanización El Conde. La Urbanización El Conde quedó asentada en tierras que eran del expresidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, una hacienda de café de principios del siglo XVII, la hacienda El Conde, tal y como se llamaba cuando pertenecía al Conde de San Xavier. Allí el atractivo eran sus árboles frutales, “de los más regalados de España”. Era de las barriadas mejor asentadas de Caracas. Un urbanismo moderno y consolidado. 

                Después de pasar por los desarrollos urgentes de la Laguna de Catia y de Propatria provocados por las grandes masas de obreros del boom petrolero, los constructores comenzaron con una visión más amplia, ahora no por unidades en las cuadras ya formadas antes de la Quebrada Anauco, sino en grandes lotes de tierra de las afueras de la ciudad. Es así como Juan Bernardo Arismendi, un oriental venezolano visionario e inquieto, se compró en París en el año 1923 la Hacienda La Yerbera y la Hacienda El Conde de manos de los descendientes de Antonio Guzmán Blanco; se asoció con el sastre Luis Roche y en poco tiempo sacaron la Urbanización San Agustín del Norte y la Urbanización El Conde. El negocio era satisfacer la demanda de la pujante clase media. 

                Se inició una revolución de los conceptos. Se dejó de un lado por primera vez el modelo de la casa colonial y se empezó a establecer un jardín al frente además de que comenzaron a transformarse las ventanas de repisa,  las cuales venían cada vez más angostas hasta que aquí desaparecieron. El Conde, pionera y novedosa, nunca fue elevada a parroquia, inmerecidamente. Se prefirió anexarla a San Agustín. A El Conde se llegaba primero que a San Agustín, desde Puente Mohedano, su entrada natural. En El Conde se inició el modernismo para la clase media, un estilo que se diseminó galopante de allí en adelante. 

                Las casas de El Conde tenían garaje, toda una novedad. Todavía eran pareadas y de dos ventanales, tal y como las de Altagracia o de Santa Rosalía, de mucho antes. Ahora eran de dos pisos y el jardín central de la época colonial se había transformado en un escenario de piso de mosaicos donde sucedían las mejores celebraciones de la familia. 

                Pasarán muy pocos años para que este sólido urbanismo fuese eliminado del mapa de Caracas. La Urbanización El Conde fue derrumbada en los años 60 con miras a hacer unos edificios para la clase media. Debido a ello tuvimos que mudarnos apresurados para Los Palos Grandes. Los terrenos, durante cincuenta años después, permanecieron vacíos hasta que apareció la Galería de Arte Nacional, exactamente en el lugar donde estuvo la casa que nos vio nacer como familia y como personas.

viernes, 27 de febrero de 2026

BAILANDO JOROPO


BAILANDO JOROPO (o EL RECORRIDO DE CAPOBIANCO Y ARRÁIZ)

Salir de creer que el ímpetu de nuestro baile típico proviene de que somos indios a convencernos de que somos africanos con europeos.           

Extraordinario trabajo de Raffaele Capobianco donde reúne mucha referencia de Arráiz Lucca a raíz de su reciente llegada de Colombia, donde estuvo impartiendo clases durante tres años en la Universidad del Rosario, lo cual le permitió observar y aprender del por qué la diferencia étnica entre venezolanos y colombianos. 

Capobianco dice en su artículo: 

        "Hay un artículo (creo que en el portal La Gran Aldea) en donde el profesor Rafael Arráiz Lucca contaba en forma muy apretada su vivencia de 3 años en Colombia, siendo profesor en la institución privada Universidad del Rosario en Bogotá.

        Cuenta Arráiz Lucca, que lo primero que le llamó la atención es que, a diferencia de Venezuela, se encontró que todos los comercios en Colombia están en manos de colombianos. Nada de ir a la panadería de un portugués, la carnicería de un italiano, o la ferretería de un español. No, allá todo está en manos de los colombianos. Los extranjeros brillaban por su ausencia. Otra cosa que encontró, es que los colombianos suelen ser hijos, nietos y bisnietos de colombianos. Cuando comenzaba el semestre en la universidad, le preguntaba a los muchachos de su curso que cuántos eran hijos o nietos, al menos de un extranjero. Dice que hubo cursos en donde nadie levantó la mano y en el mejor de los casos, quizás tuvo algún curso en donde un 10% levantó la mano. Refiere Arráiz Lucca, que esa misma pregunta realizada en la Metropolitana de Caracas, se traducía en un bosque de manos.

        ¿Explicación? Pues que las migraciones siempre se dan hacia aquellas naciones que en donde la posibilidad de progresar es mayor.  Venezuela siempre fue rica para los ojos del inmigrante. Desde la época de las perlas de Margarita, pasando por  el balatá y el oro de Guayana, el café, el tabaco, la caña de azúcar, cuero, y finalmente, el excremento del diablo. Frente a toda esa riqueza, Colombia era la hermana pobre. ¿Quién iba a querer probar suerte en Colombia, si en Venezuela sobraba riqueza y oportunidades de trabajo? Somos un país único –y no lo sabíamos– que siempre ha favorecido la inmigración sin mayores cortapisas.

        Este "welcome" a los extranjeros, trajo como consecuencia que el venezolano siempre haya convivido con la presencia de los mismos; gente extraña, pero a la que nunca vieron como invasores o rivales. El cementerio judío (todavía operativo en América Latina) está en Santa Ana de Coro. ¿De dónde venían esos judíos? Pues de Curazao. ¿Y cómo llegaron a Curazao? Pues desde Ámsterdam, a donde habían llegado en la época en que fueron expulsados de España junto con los árabes. Eran, por tanto, sefardíes en su mayoría. La otra gran migración judía la constituye los asquenazis venidos de la Europa Central.

        Páez encomienda al geógrafo Agustín Codazzi a la búsqueda de colonos agricultores que quieran venir a establecerse en una Venezuela desolada y vaciada por las guerras de independencia. En Europa lleva a encontrarse  con Humboldt en París y este le recomienda traer a agricultores de la Selva Negra. Es entonces con Codazzi, que llegan los primeros alemanes que se terminan estableciendo en lo que hoy es la Colonia Tovar. Posteriormente llegará otro barco con más alemanes, pero estos terminarán separándose de los primeros y estableciéndose en un lugar cercano llamado El Jarillo.

        Llegan también, huyendo de la persecución político-religiosa por parte del Imperio Otomano, los sirios y libaneses que pronto poblaron puertos como Puerto Cabello, La Guaira, Carúpano, Ciudad Bolívar. Son nuestros famosos "turcos", pues viajaban todos con pasaporte de ese gran imperio árabe que se derrumbaría después de la Primera Guerra Mundial. "Turco te llamé, "turco" te quedaste. Y pasó lo mismo, llegaron esos "baisanos" y nadie se metió con ellos.

        También, por esa época, llegan los corsos. Lo mismo, la boyante vida de los puertos venezolanos es el imán que les hace venir. Siendo Córcega una isla que había sido italiana, pero que hace tiempo que pertenecía a Francia, se dio el caso de que Venezuela se ve de repente llena de gente con apellido italiano, pero que hablaban francés. Franceschi, Morandi, Lucca, Raffalli, Figarella, Leoni, Paván, Bonaparte, son todos apellidos corsos.

        Después llega la explotación petrolera y con ello más musiúes que llegan a Venezuela. Y, finalmente, la gran inmigración masiva y controlada, se da con la dictadura de Pérez Jiménez, en donde españoles, italianos y portugueses provenientes del hambre de la postguerra, cruzaron el Atlántico para probar suerte en Venezuela y, como todo extranjero que llega a Venezuela, después no se quisieron ir. En la década de los 70 se da también otra inmigración. Gente, huyendo de dictaduras de Argentina, Chile y Perú, llegan a Venezuela. Por cierto, en el caso de Chile se dio una situación muy curiosa. Se da una primera oleada migratoria huyendo del desplome económico que representó el gobierno socialista de Allende. La segunda oleada se produce con el golpe de Estado de Pinochet.  Ambos grupos chilenos les tocaría convivir en Venezuela y la verdad es que nunca supe de enfrentamientos entre estos coterráneos.

        ¿Cómo explicar que un pueblo que gusta presumir de ser descendientes de los bravos guerreros caribe, nunca tuvo mayores problemas con ese minestrone de extranjeros presentes en nuestro suelo? Pues el propio profesor Arráiz Lucca desmonta un mito. En un programa con Román Lozinski le preguntaron al profesor Arráiz que qué significaba étnicamente ser venezolano? Arráiz Lucca apela a datos estadísticos. Supuestamente está asentado en archivos que en la época de la Colonia llegaron a Venezuela unos 89.000 españoles. De ellos, solo el 11% eran mujeres. Y de las mismas, la mitad pertenencia al clero (monjas). Dice Arráiz, con picardía, que a esa desproporción había que buscarle solución. La misma vino del cruce con las mujeres esclavas africanas. ¿Y los indios? Arráiz Lucca dice que a diferencia de los aztecas, mayas e incas, los indígenas venezolanos no establecieron ciudades. Eran nómadas que cuando escaseaba la caza o se agotaba el suelo, mudaban su campamento. ¿Hacia donde mudaban sus campamentos? Lejos de la civilización, de la presencia del colono español que también los esclavizaba. Concluye Arráiz Lucca, que a diferencia de lo que gustan presumir los venezolanos, que de tener otra sangre (aparte de la española)  siempre gustan de presumir de su sangre indígena, esto no es cierto. Salvo ciertos lugares muy localizados, la mezcla de razas durante la Colonia es producto mayormente de múltiples combinaciones entre blancos y negros. O sea, que cuando nos "jinchan" los pies y comenzamos a bailar, es por la sangre negra que portamos y no por la que pudiéramos tener de un Guacaipuro.

        Y si revisamos nuestra historia, el Presidente Rómulo Betancourt era hijo de un comerciante canario nacido en Tenerife. El presidente Raúl Leoni Otero era hijo de un corso, de nombre Clemente, que para acompañar a su hijo mientras estudiaba Derecho en la UCV, montó la famosa Farmacia La Francesa en la esquina de Santa Capilla. ¿Su socio? Su cuñado, Henrique Otero Vizcarrondo, padre de Miguel Otero Silva y a quien (como regalo de cumpleaños) le compró en los EEUU una rotativa de segunda mano y con la cual MOS fundaría el periódico EL NACIONAL. Y, ahora que me tropiezo con el apellido Vizcarrondo, se me había olvidado citar la presencia de los vascos en Venezuela. Olavarría, Urdaneta, Landaeta, Zubillaga, Zuloaga, Lacalle, Arismendi, Aguirre, Anzoátegui, Bolibar (cambiado a Bolívar al llegar su portador a Santo Domingo) son todos apellidos vascos muy ligados a nuestra historia.

        Otro dato sobre el apellido venezolano Otero, es que, aparte de ser primos hermanos Raúl y Miguel, también eran ambos primos hermanos del escultor Alejandro Otero Rodríguez. La gran estructura (toda ella de acero inoxidable) que está en la hidroeléctrica de Guri, donde 2 turbinas tipo Francis están en la cúspide de la estructura (en forma  contrapuestas y colocadas horizontalmente), y que se conoce como Torre Solar, es obra de Alejandro Otero.

        Sigo con mis "linajes". La madre de Marcos Pérez Jiménez era una maestra colombiana. Marcos Evangelista fue su hijo N° 16.  El hombre de Rubio, Carlos Andrés Pérez, era hijo de un colombiano que se vino muy joven a buscarse la vida en Venezuela. A su vez, este colombiano lo era solo de nacimiento, pues resultó ser hijo de un matrimonio español  proveniente de Asturias y que se había radicado en Colombia. Jaime Lusinchi tiene ascendencia corsa por parte de su mamá. El papá de Jaime se apellidaba Chacín y dado que estaba casado con otra mujer cuando nació el niño, no le dio su apellido. La mamá de Lusinchi era nieta de un corso llegado a Venezuela a finales del siglo XIX. Al igual que el Presidente Leoni, el Presidente Lusinchi tiene entonces ascendencia corsa.

        ¡Caramba! Hemos venido siendo gobernados por gente con sangre extranjera y no lo sabíamos.

        No exactamente. Juan Vicente Gómez, Eleazar López Contreras, Isaías Medina Angarita, Rafael Caldera, Luis Herrera Campins, no tienen ascendencia extranjera directa ni a nivel de bisabuelos. Los orígenes de sus apellidos hay que buscarlos en el periodo de la Colonia (siglo XVI; años 1500).

        Recordando el reclamo de la muchacha peruana, a la vez del reconocimiento que hace a esos venezolanos que, mientras vivió entre nosotros, nunca le dijeron que se devolviera a su país, la realidad es que en este maravilloso país a quien muy acertadamente Colón llamó Tierra de Gracia, y en donde todos llevamos en el color de nuestra piel las distintas tonalidades de ese sabrosa mezcla de un café con leche, los hijos vienen al mundo con plumas de pavo real. Y dentro de ese extenso y gran abanico, caben todas las nacionalidades del mundo. Bienvenidos serán siempre todos esos musiúes que vengan a nuestro país para engrandecerlo con su trabajo honesto, y que a la vez puedan hacer del mismo, la Patria de sus hijos y nietos.

P.S.:  En los "linajes" que he venido destacando, se me quedó en el tintero hacer referencia a una persona que es orgullo de los monanguenses. Me refiero a Bill Clinton que, como todo el mundo sabe, nació en Caripito".

Fuente: Raffaele Capobianco. Bitácora Venezuela Plus
Fotografía: Elsumario.com