VIVIR EN EL CONDE
"El progreso de una ciudad se ve comprometido cuando se demuele una urbanización pionera que apenas acaba de cumplir veinte años de fundada y luego hay que esperar cincuenta años para encontrarle un sustituto" Arq. Ernesto Fuenmayor.-
Cuando se casaron mamá y papá se fueron a vivir a la casa que él había tomado en el mes de Julio de ese año en la Urbanización El Conde. La Urbanización El Conde quedó asentada en tierras que eran del expresidente venezolano Antonio Guzmán Blanco, una hacienda de café de principios del siglo XVII, la hacienda El Conde, tal y como se llamaba cuando pertenecía al Conde de San Xavier. Allí el atractivo eran sus árboles frutales, “de los más regalados de España”. Era de las barriadas mejor asentadas de Caracas. Un urbanismo moderno y consolidado.
Después de pasar por los desarrollos urgentes de la Laguna de Catia y de Propatria provocados por las grandes masas de obreros del boom petrolero, los constructores comenzaron con una visión más amplia, ahora no por unidades en las cuadras ya formadas antes de la Quebrada Anauco, sino en grandes lotes de tierra de las afueras de la ciudad. Es así como Juan Bernardo Arismendi, un oriental venezolano visionario e inquieto, se compró en París en el año 1923 la Hacienda La Yerbera y la Hacienda El Conde de manos de los descendientes de Antonio Guzmán Blanco; se asoció con el sastre Luis Roche y en poco tiempo sacaron la Urbanización San Agustín del Norte y la Urbanización El Conde. El negocio era satisfacer la demanda de la pujante clase media.
Se inició una revolución de los conceptos. Se dejó de un lado por primera vez el modelo de la casa colonial y se empezó a establecer un jardín al frente además de que comenzaron a transformarse las ventanas de repisa, las cuales venían cada vez más angostas hasta que aquí desaparecieron. El Conde, pionera y novedosa, nunca fue elevada a parroquia, inmerecidamente. Se prefirió anexarla a San Agustín. A El Conde se llegaba primero que a San Agustín, desde Puente Mohedano, su entrada natural. En El Conde se inició el modernismo para la clase media, un estilo que se diseminó galopante de allí en adelante.
Las casas de El Conde tenían garaje, toda una novedad. Todavía eran pareadas y de dos ventanales, tal y como las de Altagracia o de Santa Rosalía, de mucho antes. Ahora eran de dos pisos y el jardín central de la época colonial se había transformado en un escenario de piso de mosaicos donde sucedían las mejores celebraciones de la familia.
Pasarán muy pocos años para que este sólido urbanismo fuese eliminado del mapa de Caracas. La Urbanización El Conde fue derrumbada en los años 60 con miras a hacer unos edificios para la clase media. Debido a ello tuvimos que mudarnos apresurados para Los Palos Grandes. Los terrenos, durante cincuenta años después, permanecieron vacíos hasta que apareció la Galería de Arte Nacional, exactamente en el lugar donde estuvo la casa que nos vio nacer como familia y como personas.
