
Cipriano Castro y Eulogio Moros
(26 y 30 años). Son fotos de diferentes épocas.
Cipriano le llevaba a mi abuelo tres años.
CIPRIANO CASTRO Y MI ABUELO
"Un amigo leal vale más que diez mil parientes" — Eurípides.
"Un amigo leal vale más que diez mil parientes" — Eurípides.
Desde los diecisiete años de edad el conflicto formaba parte de la vida de Cipriano Castro, pues ya a esa edad (1875) lideraba una pandilla que se formó en San Pedro de Capacho, estado Táchira, la que llamaban "Los Azules", la cual defendía la construcción de un nuevo pueblo a raíz de la destrucción del existente hasta ese momento por el devastador terremoto que sucedió ese año. Esta pandilla era contraria a la otra, la que llamaban "Los Amarillos", que defendía la reconstrucción del pueblo devastado, en lugar de hacer uno nuevo.
A esta pandilla pertenecían los primeros amigos de aventura de Cipriano, entre los cuales estaba mi abuelo, quien creció junto a él en Lomas Altas, donde estaban la finca "La Cedrala", de don Carmelito Castro, jefe de la familia Castro Ruiz, y vecina a ella estaba la de mi bisabuelo, de la cual no he podido dar con el nombre que le tenían. Mi abuelo se convirtió en admirador de las aventuras y los atrevimientos de Cipriano y a la larga esa admiración se transformó en una fiel amistad.
Pasaron los años y el terremoto quedó olvidado, al igual que los
pleitos de la pandilla Los Azules contra Los Amarillos, donde se caían
a palazos y pedradas. Los Azules apoyaban la construcción del nuevo
pueblo y Los Amarillos la reconstrucción del viejo, pero al final se hizo
el nuevo pueblo, se reconstruyó el viejo, y se acabaron los pleitos.
Debido a esos enfrentamientos, la pandilla Los Azules, la que comandaba el joven Cipriano, se transformó en toda una organización, a
tal punto que fue convocada por un general llamado Eladio Lara del gobierno provincial, para combatir a un tal Espíritu
Santo Morales, quien se había alzado en un pueblo vecino llamado La
Grita. Estos jóvenes, sorprendidos por la convocatoria, la aceptaron.
Se entrenaron y a la hora de la verdad derrotaron a Morales en
el puente de entrada a La Grita, y para premiarlos el general Lara los
incorporó a todos al ejército como oficiales. Entre los más destacados
estaban Cipriano Castro y el hijo de Petra y Jesús Manuel, Eulogio Moros, quienes descollaron por su destreza y coraje. A ambos les dieron
el grado de teniente.
Esta experiencia y el hecho de haber progresado juntos y haber ingresado a la milicia a través de méritos propios en el ejercicio de actos de guerra consolidaron la amistad entre Castro y Moros, lo cual se comienza a notar con fuerza debido a lo pendenciera de la personalidad de Cipriano, quien caía muy fácil en la idea de resolver sus conflictos a base de violencia no más a la entrada de los mismos.
En una ocasión Cipriano Castro, ya de veintiséis años
de edad (año de 1884, gobierno de Joaquín Crespo), lo pusieron preso por haber herido de bala, enfurecido, al párroco de la iglesia de Capacho porque él aseguraba que el sacerdote escondía en la Iglesia a un hermano, al que él acusaba se haber embarazado a su vez a su hermana. Los vecinos se fueron a la policía, la cual se presentó en el lugar, y al Cipriano darse cuenta, salió en estampida en su caballo pero a las pocas cuadras fue alcanzado y de allí se lo llevaron a la cárcel.
Mi abuelo Eulogio Moros sin bigotes
Edad 30 años
Pasó el tiempo, y en el desespero de estar en la cárcel, él y sus compañeros de
celda hicieron un molde de la llave del calabozo, metiéndole cera de
abeja a la cerradura. Un domingo mi abuelo Eulogio lo fue a visitar, y logró sacar
ese molde y llevárselo a un cerrajero previamente comprometido. El
cerrajero hizo la llave y se la entregó a los dueños de una panadería,
amigos de Cipriano Castro, y estos la metieron en una acema de pan
horneado y la llevaron al penal con otros alimentos. Al anochecer, Cipriano Castro y sus amigos tomaron la llave, abrieron el calabozo, sometieron a los guardias, y escaparon. Eulogio los esperaba cerca con
unos caballos, pero fueron descubiertos. Emprendieron veloz carrera
hacia el río Torbes, donde conectaron con conocidos, quienes los llevaron a la frontera con Colombia.
Es así como Castro sale de Venezuela y se esconde en Cúcuta, la ciudad colombiana más cercana a la frontera, y Eulogio se quedó con él por unos
días hasta que regresó a Independencia por no dejar sola a su familia por tanto tiempo, ya
con dos hijos.
En ese tiempo de Castro en el exilio, consolidó su decisión de enfrentarse a Crespo y de esta manera comienza su participación en la política nacional del país. Castro y sus amigos se transformaron en contrarios a Joaquín Crespo, el
nuevo Presidente del país.
Crespo terminó su gobierno de dos años, el nuevo periodo según
la nueva Constitución, y fue sucedido por tercera vez por Guzmán
Blanco.
En vista de la salida de Crespo, Cipriano decidió bajar la guardia,
pero no podía volver al Táchira pues era solicitado por la policía a raíz
del supuesto atentado al sacerdote de Capacho Nuevo, y por haberse fugado de la cárcel. Quedó fichado como un
sujeto peligroso.
A Castro ya se le había sembrado en Cúcuta la idea de tomar el poder nacional pero debido a que no podía volver al país y conspirar desde adentro, planificó una invasión forzosa con todo detenimiento hasta que el 23 de mayo de 1899 se hizo acompañar por sesenta revolucionarios e invadió a Venezuela, y ya para octubre de ese mismo año logró llegar a la Casa Amarilla, donde funcionaba la sede del Gobierno Nacional y donde fue recibido con honores por los mismos ministros y otros altos funcionarios del gobierno al que acababa de derrotar.
A partir de este momento mi abuelo Eulogio, quien hizo la travesía completa desde Capacho hasta Caracas, se convirtió en General y en principal colaborador de Cipriano Castro, ejerciendo diversidad de altos cargos en el nuevo gobierno.
A los años de esta exitosa aventura Cipriano Castro tuvo que ausentarse del país por una dolencia, situación que aprovechó Juan Vicente Gómez para hacerse del poder, en un acto de deslealtad sin precedentes hasta ese momento. Sabiendo Gómez de la íntima amistad de mi abuelo con Castro, lo alejó de los altos cargos y lo confinó a Margarita como Comandante de Armas de aquella guarnición, alejada y sin mayores recursos, al punto de que ni una lancha patrullera tenía.
A partir de este momento comienza un nuevo periodo de vida para mi abuelo, quien no volvió a ver más nunca a Cipriano Castro pues este no pudo volver a ingresar al país. Gómez trataba a mi abuelo con distancia y desconfianza al punto de que lo sacó de la milicia y le propuso negocios ganaderos pero dejando a mi abuelo en evidente desventaja en esos negocios.
Mi abuelo terminó en el estado Apure siendo testaferro de Juan Vicente Gómez, en una vida nueva y diferente, pero a la que le tomó gusto y con el tiempo logró una relativa independencia la cual no pudo disfrutar por mucho tiempo porque lo sorprendió la muerte muy temprano.

En mi libro "Un siglo sin tí" doy interesantes detalles de este periodo de vida de mi abuelo, donde hubo de vivir la mar de situaciones para poder sortear el tutelaje de Gómez hasta que finalmente pudo zafarse a pesar de que le costó su propia existencia, dejando un inmenso legado de vida ejemplar y de bienes para su familia.
Obituario de mi abuelo, a sus pírricos 64 años
Murió el mismo año que Cipriano Castro,
en febrero de 1924.-

