domingo, 28 de junio de 2026

Del sismo al cataclismo


Residencias Coral Beach, estado La Guaira.-

DEL SISMO AL CATACLISMO
(José Durabio Moros. Ing. civil estructural CIV 12567)

“Vivo en una casita con jardín, pero sigo yendo a la calle oscura cerca de donde nací”. Joan Manuel Serrat.-

                Indudablemente que, ante la impotencia y el no poder ante lo que nos envió la naturaleza este 24 de junio, lo que nos va quedando hacer es aceptar la realidad, mejorar nuestras edificaciones (que sean defensas para nuestras vidas y no unas cajas que encierran la muerte), y defender lo que nos va quedando.

                Las edificaciones que quedaron de pie, no quiere decir que no hayan quedado heridas, o hasta heridas de gravedad. Es lo que principalmente debemos definir y así reparar lo que acepte reparación y prescindir de aquellas que quedaron heridas de muerte. Tomar una decisión entre estas dos opciones es de una gran responsabilidad, sobre todo cuando se trata de edificaciones residenciales. Tomar una decisión no debe provenir de una inspección ocular, o inspección de algunas zonas, o de algunos aspectos, o de criterios provenientes de características que están a simple vista. 

                Cuando un ingeniero civil estructural decide participar en estas inspecciones técnicas lo primero que tiene que tener es un gran sentido de la responsabilidad y no dejar cabos sin atar bajo ningún concepto, lo cual es muy posible, incluso a pesar de que parezca que todo ya está revisado. Es por ello que lo primero que debe hacerse es crearse un baremo, un protocolo de donde no escape ningún aspecto, porque no es solamente certificar que las vigas y las columnas no hayan colapsado; son cantidad de otros aspectos que no están a simple vista. Por ejemplo: las declinaciones o inclinaciones. Puedo decir con propiedad que hay inclinaciones que pudieran ser tolerables, lo cual va a depender del grado de la inclinación, de la calidad del suelo, del tipo de infraestructura, de las condiciones en las que haya quedado esa infraestructura luego del evento sísmico, y de los trabajos adicionales que hay que hacerle a la edificación de manera de garantizarnos de que la inclinación tolerable no crezca. En Venezuela, específicamente en Caracas, tenemos ejemplos palpables de grandes edificaciones importantes a las que se les han detectado grados de inclinación y otras fallas luego de haber sido construidas pero son fallas que se han considerado tolerables y que se les han encontrado soluciones estructurales adicionales y por ello han logrado permanecer en pie de manera garantizada. Pude inspeccionar varias de las que conozco su caso, porque hay varias en Caracas, y quedaron intactas luego de esta amarga experiencia que acabamos de tener. No las quiero mencionar para no crear zozobra pues a pesar de que se les aplicaron soluciones adecuadas y eficaces, todas ellas tienen circulación y permanencia de personas tanto de día como de noche, personas que pudieran crearse inquietudes innecesarias, porque esas edificaciones, de gran envergadura, permanecen en un funcionamiento pleno, a pesar de que a algunas de ellas las obras adicionales les fueron efectuadas hace más de veinte años y siguen prestando servicio.

                Así como el aspecto estructural y la verticalidad, existe la posibilidad del hundimiento, luego de un evento del calibre al que fue sometido el suelo en varias partes de nuestro país. Muchas veces ese hundimiento es diferencial y otras veces uniforme. Del diferencial nos damos cuenta de mejor manera porque viene acompañado de una inclinación, lo cual con aparatos de medición específicos se puede detectar fácilmente. El más difícil de precisar a simple vista es el hundimiento uniforme cuando se trata de centímetros, por ejemplo, y es difícil de precisar también si ese hundimiento es tolerable o no, sobre todo si no se tiene el perfil litológico o estratigráfico del suelo portante. Es una de las posibilidades más difíciles de precisar luego de un sismo de consideración o de un terremoto, pero es un aspecto que debe ser siempre tomado en cuenta, porque es el suelo el que con su movimiento ocasiona estas consecuencias, difíciles de diagnosticarles su continuidad en el tiempo, es decir, si va a seguir hundiéndose la edificación.

                De manera que para dar el dictamen de que un edificio puede ser de nuevo habitado o no después de un terremoto, no es cosa de una inspección ocular de la estructura, sino que intervienen otra serie de factores multidisciplinarios que requieren apoyo interdisciplinario, herramientas e instrumentación que nos permitan dictar un criterio, preciso, definitivo y adecuado.

                Mientras tanto, la humanidad tiene que ir prescindiendo del criterio de los edificios altos, innecesarios, que lo que traen es muerte y dolor. El hombre nació para estar con los pies sobre la tierra, y La Tierra tiene suficiente espacio para urbanizar en horizontal, en lugar de tanta "mole" alta que nos rodea. Absurdo que los venezolanos trabajemos bajo esos esuqemas, inconvenientes por razones de salud, pero sobre todo sabiendo que somos un país sísmico y teniendo tanta tierra ociosa. Solamente pensar que el 80% de nuestra población vive en los estados costeros, y solamente un cinco por ciento entre el estado Bolívar y el Amazonas nos deja ver la falta de planificación macrourbana, teniendo esos dos estados los atractivos turísticos más llamativos del mundo y el 90% de los reservorios de agua dulce.

                La humanidad en su decadencia, irreflexiva, ligera, suicida, a través de los años se ha venido acostumbrando a construir edificaciones cada vez más altas, atrevidas y esbeltas, lo cual, obviamente no obedece sino exclusivamente a razones económicas de los promotores: al aprovechamiento in extremis de la tierraa excepción de los países árabes como Arabia Saudita, o los Emiratos Árabes, Qatar, Bahrein, donde se hacen edificaciones extremadamente altas y esbeltas pero ya por otros afanes. 

                "Tengo un departamento que nos condena a cuatro paredes, nos quita nuestro derecho a poner el pie desnudo sobre la tierra y nos mantiene en el aire", me decía un ciudadano en la calle, al conversar a apenas minutos de estar allí al sentir el temblor y salirnos en volandas del restaurante donde estábamos, yo apenas disponiéndome a comerme una ensalada Beijing.          

            Debemos comenzar a pensar en grande, es decir, a pensar en la humanidad. A pensar en desarrollos horizontales, mucho más humanos y casi exentos de riesgos ante un evento sísmico, y dejar de lado esas cajas apiladas una arriba de la otra, encerradas, rodeadas de precipicios, sin opciones, que en lugar de un sismo nos hicieron vivir un cataclismo.